La Trocha de Baga y las fortificaciones de Santiago de Cuba
Costa de Cuba, Castillo del Morro
La Trocha de Bagá
Comenzada entre 1871 y 1872, esta línea se situó en el límite oriental de Camagüey. El objetivo era alcanzar una longitud de 95 kilómetros desde Bagá, en el norte, hasta el estero de la Zanja en el sur, limpiando una franja de 50 metros a ambos lados provista de una línea férrea.
Era una clásica trocha española: desbroce de terreno, fuertes cada 1.000 metros (con torres de dos pisos y blocaos intermedios), y una línea protegida por alambradas y empalizadas. El ferrocarril discurría paralelo para el abastecimiento.
La obra nunca se concluyó. El mando español decidió suprimirla tanto por su ineficacia como por el alto coste. En el momento de su abandono, se habían construido 52 km y contaba con 3.000 hombres de guarnición. Sus mayores problemas fueron la falta de fuego cruzado, la excesiva distancia entre fuertes para apoyarse entre sí y la ausencia de campos de tiro despejados.
Fuerte español
Fuerte de Santiago de Cuba
El sistema defensivo de Santiago de Cuba
Santiago de Cuba fue quizás la zona más fortificada de la isla, creando un complejo entramado defensivo.
Litoral de Santiago (desde 1762): Además del Castillo del Morro, se instalaron las baterías de Aguadores, Sardinero, Siboney, Juraguá (dos), Cabaña, Someruelos y Bueycabón (dos). La línea se extendía con los fortines de Punta Gorda, Punta Blanca, Cayo Duán, Buenavista, Cayo Granma y Cayo Ratones.
Dentro de la ciudad: Abundaban las fortificaciones, muchas ya desaparecidas, como los fuertes de San Antonio, Cuabitas, Santa Inés, el Cuartelillo, Espanta Sueño, Canosa, Pedrera, Santa Úrsula, la Beneficencia, Fuerte Nuevo y el que defendía la estación de gas.
Fuerte del Palomar con torre heliográfica
A las afueras: Servían el Fuerte de Arroyo Hondo, San José de Paradas, San Miguel de Paradas, Loma de la Cruz, El Viso, Escandel y San Juan.
Como curiosidad, la llamada Torre de las Palomas (un edificio ochavado de dos plantas) servía para la comunicación mediante palomas mensajeras y, posteriormente, con heliógrafo.
Enfermería de San Isidro (donde sirvió Ramón y Cajal)
Fortín realizado en madera
Como curiosidad, citar que el General Pieltain, en 1873, trató de ponerla operativa otra vez. Pidió ayuda a los hacendados de la zona para conseguir 1.500 trabajadores de sus fincas, pero en el último momento fueron sustituidos por trabajadores chinos. Esto provocó numerosos retrasos, obligando al final a las tropas españolas a realizar las labores de fortificación, con el consiguiente perjuicio en las operaciones militares.
Fuerte Daiquiri protegiendo la vía férrea
Este era uno de los peores destinos en Cuba, pues su trazado atravesaba una zona pantanosa extremadamente insalubre.
Estación de tren de Sabanilla
A las dificultades del terreno se sumaba otro grave problema: la disciplina. Los oficiales al mando de las distintas unidades solían caer en la desidia y el alcoholismo, provocando frecuentes conflictos. De hecho, los mandos militares utilizaban algunos de estos puestos, como el de San Isidro, como destino de castigo para oficiales pendencieros o problemáticos.
Ramón y Cajal, de uniforme
El futuro Premio Nobel, Ramón y Cajal, fue destinado a la Enfermería de San Isidro, en la localidad de Vistahermosa. Era, quizás, la enfermería más peligrosa y precaria de la zona. Cajal pidió el destino de forma voluntaria, haciendo caso omiso a las cartas de recomendación de su padre, que buscaba un puesto más seguro en la isla.
Se trataba de un hospital de campaña con capacidad para 300 camas, protegido apenas por un fortín. La dieta de las tropas (pan, galletas, arroz y café) probablemente debilitó su sistema inmunológico, y terminó enfermando de paludismo (en aquella época, la medicina aún ignoraba que la enfermedad provenía de las larvas de los mosquitos de las charcas adyacentes).
Vista ampliada de la enfermería donde sirvió Ramón y Cajal
Cajal relata en sus memorias un asalto de los mambises a su hospital. Con gran determinación, tomó un fusil y munición, apostándose en la ventana para repeler el ataque; su ejemplo fue seguido por los enfermos menos graves. Todos conocían el precedente del hospital de Cascorro, donde en 1896, bajo el mando de Calixto García, los mambises sorprendieron al hospital y ejecutaron al médico y a los pacientes. Por fortuna, en el caso de la enfermería de San Isidro, el ataque fue repelido.
Santuario del Cobre
La enfermedad seguía su curso, minando las fuerzas de Cajal a pesar de la quinina diaria. De aquellos días recordaba el esfuerzo consciente por evitar los grandes vicios de la oficialidad española en las islas: el juego, el tabaco, la ginebra y las mujeres.
A las penurias físicas se sumaban las económicas. Los retrasos en las pagas eran la norma, agravados por la corrupción endémica. Un ejemplo que Cajal narra con indignación fue el desfalco de 90.000 dólares perpetrado por el responsable de la sanidad militar de La Habana, un tal Villaluenga, quien huyó a Estados Unidos con su amante, dejando a las tropas sin sus haberes.
Para Cajal, era doloroso ver cómo las exiguas finanzas nacionales se diluían en obras de fortificación de escaso valor militar, en lugar de destinarse a necesidades más urgentes.
Compañía de Ingenieros levantando un fortín
Soldados españoles en Santiago de Cuba
Fortín en Santiago de Cuba
Cajal criticaba duramente que muchos fortines estuvieran situados en plenos pantanos, creando focos de insalubridad extrema. Para cuando fueron abandonados, al comprobar su escasa efectividad, ya habían costado la vida a más de 20.000 soldados caídos por enfermedades.
Más allá de las condiciones físicas, lo que le resultaba más repugnante era la falta de moralidad. Se vivía una corrupción sistémica donde se estafaba al Estado constantemente; incluso se robaban las gallinas destinadas a la alimentación de los enfermos. Toda la guarnición participaba en estos hurtos, menos él, lo que le valió el rechazo y la enemistad, especialmente del comandante del puesto.
Casa típica cubana
Puesto avanzado
Ramón y Cajal protagonizó un enfrentamiento directo con dicho oficial durante un ataque mambí: impidió que el oficial introdujera sus dos caballos en el hospital junto a los heridos. Sometido a un consejo de guerra, fue absuelto, alegándose que los actos del oficial fueron producto de problemas de salud.
Finalmente, Cajal regresó a España como "inutilizado de guerra". Sin dinero, tras ocho meses de impago de su sueldo, logró sufragar el pasaje tras una lucha titánica para cobrar solo un trimestre de lo adeudado, y tras ver cómo el pagador se quedaba con el 50% bajo diversas excusas.
“Adversa se mostró mi suerte al regentar el nuevo destino. De las deficiencias higiénicas de San Isidro certificaban, de una parte, la guarnición, casi siempre enferma en sus dos tercios, y de otra, el hecho singular de haber sido escogido dicho paraje -vasta sabana cruzada por ciénagas- como lugar de corrección de oficiales borrachos y calaveras... Se decía, y no a humo de pajas, que, acabada la suave condena, los oficiales levantiscos gozaban la más dulce de las tranquilidades: los unos por haber muerto; los otros, por yacer impotentes en el lecho del dolor”.
— Santiago Ramón y Cajal
Unidades que prestaron servicio en la Trocha
Caballería española peninsular
- Regimientos de Infantería:
- "Cuba número 65" (2 batallones)
- "Asia número 55"
- "Provisional de Puerto Rico número 1"
- "Constitución número 29" (1 batallón)
- "Talavera número 4" (1 batallón)
- Caballería: Aprox. 2 escuadrones.
- Artillería: 12 Compañías y una sección de Batería de campaña.
- Otras unidades:
- Batallones de Infantería de Voluntarios (n.º 1 y 2)
- 1 Compañía de Guías
- 1 Compañía de Reservistas
- 1 Escuadrón de Caballería de Voluntarios
- 1 Destacamento de Bomberos
- Destacamentos de Ingenieros, Sanidad Militar y Guardia Civil
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