VI.El General Weyler, la Reconcentración y la muerte de Maceo (1896-1897)
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| Bandera de España (1785-1873 y 1875-1931) |
📅 Año 1896
- En Filipinas estalla la rebelión del Katipunan contra las autoridades españolas... Más problemas para la gobernabilidad de la metrópoli.
- La situación militar en Cuba se vuelve insostenible. En una carta del general Godoy se admite con crudeza:
"Dígase lo que se quiera, Maceo es el amo de Pinar del Río: cobra contribuciones, requisa elementos de guerra, impone su ley en los campos, ajusticia y destruye en todas partes, y se avitualla y pertrecha por las costas, cuya vigilancia no puede ser perfecta. Las columnas que le persiguen son pocas en número y las burla casi siempre, felicitándose de no tener sobre sí los catorce mil soldados entretenidos en la Trocha". El cabecilla Gómez añadía: "La Trocha es una cárcel en la que tengo prisioneros a 14.000 españoles, sin el trabajo de mantenerlos".
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| Gral. Weyler |
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| Gral. Martínez Campos |
- A finales de 1896, Martínez Campos es sustituido a petición propia por el general Weyler. Con su llegada se decreta que la población no combatiente (los llamados pacíficos), junto con las cosechas y el ganado, debían ser trasladados desde las áreas rurales y confinados en ciudades fortificadas bajo el control de las tropas españolas. Aunque algunas de estas poblaciones formaban parte de las trochas militares, por lo general los reconcentrados fueron conducidos a enclaves aislados en condiciones sanitarias y de habitabilidad verdaderamente lastimosas.
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| Francisco Gómez Toro |
- En un duro enfrentamiento con las tropas españolas muere el líder rebelde Maceo junto a Panchito Gómez Toro, hijo del general insurgente Máximo Gómez. El diario El Heraldo de Madrid del 2 de septiembre publica la estadística oficial de bajas sufridas por los insurrectos desde la toma de mando de Weyler: 5.800 muertos, 1.470 heridos, 405 prisioneros, 1.659 presentados y 876 calificadas genéricamente como "bajas" (un total de 9.805). Evidentemente, si estos datos propagandísticos hubieran sido ciertos, la guerra habría tomado otro rumbo; el gobierno español seguía empecinado en ocultar la realidad de los combates en la isla.
- El periódico madrileño El Imparcial publica el desglose de las ingentes fuerzas enviadas a Cuba desde mayo de 1895 a diciembre de 1896: un total de 40 generales, 651 jefes, 1.107 oficiales y 176.066 soldados de tropa. Como material de guerra se registran: 191 cañones, 45.662 granadas, 119 cartuchos para ametralladora y 32.000 para calibres mayores. Para el arma de infantería se enviaron 119.746 fusiles Mauser, 87.936 Remington, 12.602 carabinas y tercerolas Mauser junto a 150 mosquetones, sumando más de 76 millones de cartuchos. En armas blancas se contabilizan 50.000 bayonetas y 4.460 sables. La distribución del cuerpo expedicionario fue: Infantería (160.181), Caballería (5.617), Artillería (3.143), Ingenieros (3.543) e Infantería de Marina (3.590).
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| Richard Olney |
- En contraste con la propaganda, el periódico La Época saca a la luz las verdaderas y sangrientas bajas del Ejército español en el mismo periodo. En la oficialidad: 4 generales, 66 jefes y 483 oficiales muertos. En la tropa: 1.130 muertos en combate y 557 a consecuencia de sus heridas (1.687 caídos por la guerra). Sin embargo, la cifra terrorífica la da la sanidad: 10.475 muertos por fiebre amarilla.
- Ante este panorama, Richard Olney, secretario de Estado de los EE. UU., envía una seria nota diplomática al embajador español en Washington interesándose por la pacificación de la isla, concluyendo con una clara advertencia:
"Hasta aquí, España ha hecho frente a la insurrección con la espada en la mano; no ha dado muestra alguna que indique la rendición [...] ¿No sería prudente modificar esta política y acompañar la aplicación de la fuerza militar con una declaración oficial de los cambios que se proponen en la administración de la Isla? [...] A España compete considerar y determinar cuáles deben ser esos cambios. Pero si fuesen tales, la insurrección perdería en gran parte, si no por completo, el auxilio y el apoyo moral de que ahora disfruta por parte de los Estados Unidos [...] Los Estados Unidos no tienen designios contra la soberanía de España. Su única preocupación es que la solución del problema se haga de manera rápida".
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| Práxedes M. Sagasta |
📅 Año 1897
- Tras el asesinato de Cánovas, Sagasta asume el gobierno y destituye fulminantemente a Weyler. Las circunstancias imponen un viraje radical hacia la vía pacifista, propiciada en el terreno por el nuevo capitán general de la isla, Ramón Blanco y Erenas.
- La presión internacional estadounidense aumenta en el plano político. El senador John T. Morgan (Alabama) solicita formalmente ante el Senado norteamericano que su gobierno reconozca el estatus de beligerantes a los insurrectos cubanos y envíe de inmediato un buque de guerra a Cuba.
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| Gral. Blanco y Erenas |
- Para intentar mitigar el contrabando, los abusos y el flujo de suministros hacia las guerrillas, se decreta un severo bando militar que restringe los movimientos en las zonas de reconcentración. Se prohíbe taxativamente la salida de los civiles 'pacíficos'. Ningún militar (jefe, oficial o soldado) podrá acceder a estas áreas de exclusión; a cualquier individuo que se localice en la zona sin autorización expresa se le confiscarán las ropas y monturas para ser entregadas a la jefatura de división (con el fin de distribuirlas entre los más necesitados) y sufrirá quince días de arresto militar. Asimismo, los ranchos de las guardias deberán cocinarse en los campamentos base para cortar el tráfico ilegal de carne sobrante.
- A pesar de los bandos, la campaña del senador Morgan sigue su curso en Washington, logrando que el Senado de los EE. UU. declare oficialmente la existencia de un "Estado de Guerra" en Cuba, allanando el camino para la intervención directa de su país.
- El belicismo también se cobra víctimas en el plano periodístico. El corresponsal estadounidense Mr. Crosby muere de un disparo en la cabeza durante los combates en "Santa Teresa" el 8 de marzo. Crosby se había negado firmemente a permanecer en la retaguardia de las columnas de operaciones, alegando que "había venido a ver la guerra y no podría narrarla fielmente desde atrás". Paradójicamente, fue uno de los reporteros que más azuzó el conflicto desde las páginas de la prensa sensacionalista norteamericana.
Fin parte VI/VII
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